Cómo no irme en un flotar hasta casa, subida en una nube de amor de segundero, ese que tiene el tiempo contado y pasa como un rayo al compás de tu reloj. Sí, de tu reloj, porque el mío tiene horas infinitas, segundos infinitos, besos infinitos: dos bocas pegadas eternamente.
Así que no, no quiero más tu amor de segundero, tus tiempos contados con una mano.
Porque te toco la oreja y está congelada, porque siento que te he rozado cuando en realidad has estado dentro de mí. Rozar y tocar es lo mismo contigo y están congelados, congelados el tiempo y el espacio y ni siquiera yo, histérica por naturaleza, vomitando corazón, puedo derretirlos.
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