De fuego se vuelve el mundo, pero éste es un fuego frío, un fuego helador...
Me congela, te congela y nos congelamos. ¿No te das
cuenta?
Una extraña fuerza se acerca a mi centro y me propulsa a
cientos de kilómetros de ti,
y
de ti,
y
de ti.
Y
queda a mi alrededor una explanada gélida.
Millones
de vallas publicitarias en mitad del desastre me dicen que la navidad
traerá el amor, y entonces miro, miro muy fijamente, entorno un poco
los ojos por si así veo mejor, como hacen los miopes, pero nada,
sólo veo entes caminantes de color azul andando entre el fuego
helador. No se miran, no se tocan, ni siquiera saben de su
existencia. Y es en ese momento cuando me doy cuenta de que no hay
nada que hacer, de que el mundo es frío. Me invade una profunda
tristeza y empiezo a planear cómo voy a sobrevivir el resto de mis
días. “Quizá con los animales sea diferente, sí, creo que voy a
raptar a un animal, un perro o un gato o un conejo, ya veré, y él
me querrá y yo al él. Estaremos enamorados, y seremos cómplices,
cómplices de todo” Algo, no sé el qué, me lleva a mirarme la
mano derecha, no entiendo nada, mi rojo se está convirtiendo en
azul, poco a poco las llamas de mis dedos se vuelven hielo azul,
verdoso en algunas zonas. Y mis codos, y mi vientre, y mis piernas
y...oh no, las orejas, los dientes, las uñas, el paladar...todo,
¡todo! Como una loca me toco todo el cuerpo, con brusquedad, para
ver si así revive el rojo y de pronto, como una premonición, más
bien como una absoluta certeza, sé que el azul, este horrible azul
que nada tiene que ver con el del cielo, ha llegado a mi coraz... cora.... c....
No hay comentarios:
Publicar un comentario